Viernes, 04 de marzo de 2016

Fernando León de Aranoa en su obra “Aquí yacen dragones”, describe distintos tipos de silencios, cada uno de ellos con distinto matiz y significado. Frente a ellos están las palabras y los sonidos con los que ocurre exactamente lo mismo.

Y aunque los silencios pueden ser muy expresivos, las palabras son la principal forma de expresión del ser  humano, razón por la cual concluyen por definirnos. “Habla para que yo te conozca” decía Sócrates, y es que en cuanto abrimos la boca, pueden saber del pie que cojeamos. Hay palabras sabias y necias, amables e hirientes, verdaderas y falsas, bonitas y feas.

Hay palabras que se las lleva el viento y hay personas de palabra. Hay quienes están a la espera de una palabra y quienes no se dirigen la palabra. Bien lo resumió Francisco de Quevedo al escribir “Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una”

Otra forma de romper los silencios son los sonidos. Percibimos sonidos naturales como el batir del mar, el del viento entre los árboles o el tronar de las tormentas, sonidos animales tan variados como el cantar de los pájaros o el aullar de los lobos. Y sonidos producidos por el hombre, que van desde la maravilla de una música melodiosa hasta los ruidos más insoportables como esas máquinas de limpieza urbana cuando pasan a las siete de la mañana de un domingo bajo tu ventana.

Claro que hay otros ruidos, como el de los discursos políticos, a los que debe referirse aquel dicho de “mucho ruido y pocas nueces”


Publicado por corremundos @ 21:21
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