Martes, 03 de junio de 2014

¡Atención, correo!, gritaba el cabo cuartel y de inmediato se hacia el silencio en la Compañía. Eran tiempos en que la comunicación personal se limitaba, en la práctica a la correspondencia epistolar. Y la carta de la madre o de la novia eran el mejor bálsamo para la soledad del soldado, en destinos alejados a su lugar de origen. 

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Publicado por corremundos @ 12:03
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