Domingo, 10 de noviembre de 2013

Los puntos calientes de la frontera norte-sur reflejan la grave desigualdad existente en nuestro planeta entre el mundo rico y desarrollado del hemisferio norte y el mundo pobre y expoliado del hemisferio sur. Y aunque el problema no es nuevo ni se ha generado en los últimos años, lo cierto es que es ahora cuando podemos entender mejor el drama humano que se desarrolla a las puertas mismas de nuestra casa. 

Para entenderlo hemos de partir de la colonización europea del resto de los continentes desarrollada principalmente desde el siglo XVI, no solo para convertirse en los centros de poder del mundo sino para obtener grandes riquezas económicas de cada uno de los territorios sometidos. En el caso de África que sufre la expansión colonial del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, se ve agravado por una pésima descolonización donde la escasa o nula educación de los pueblos, el señalamiento de fronteras sin consideración a las realidades nacionales, tribales y sociales y la adaptación sin alternativa de las pautas políticas de las antiguas metrópolis, han terminado por crear estados fallidos con unos sistemas absolutamente incapaces de alcanzar los mínimos objetivos de desarrollo y properidad exigibles. Desde su descolonización, África ha sido un caos en si mismo.

Para los africanos, que sufren de graves episodios de violencia tribal y casi permanentes periodos de hambruna, no queda otra que alcanzar las fronteras del norte rico. Y si la isla de Lampedusa ha sido en los últimos meses exponente de la grave tragedia de la migración africana, ahora la colocación de líneas de cuchillas sobre la valla fronteriza de Melilla, nos acerca la realidad de la frontera terrestre. Se supone que estas cuchillas tienen el objetivo de disuadir, pero olvidamos que quienes esperan superar esa valla traen consigo un pasado de intensa miseria y desesperación dispuesto a desgarrarse sobre las cuchillas y olvidamos que ninguna valla y ninguna cuchilla resuelve el gravísimo problema humano. 

No habrá solución mientras no se reconsidere por la comunidad internacional una solución global y radical al problema de África, acabando con la corrupción, la deuda externa y la dependencia económica de las multinacionales como requisitos para dar solución a la violencia, el hambre y la pobreza extrema. Mientras esto no se considere, el Mediterráneo seguirá siendo la tumba de miles de pateras y las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla testigos de dramas y conflictos no resueltos.


Publicado por corremundos @ 13:42
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