Domingo, 27 de octubre de 2013

Una costumbre que se ha extendido y generalizado en los últimos tiempos es el de la despedida de soltera. Es simplemente la otra cara de la moneda de la ancestral despedida de soltero en la que el novio se reunía con sus amigos de correrías para una última juerga que tradicionalmente terminaba en una casa de putas. Eran tiempos en que a las mujeres les estaba vedado este tipo de fiestas debido a las restricciones morales que en buena medida obligaban a la mujer a llegar virgen al matrimonio. La cantada noche de bodas, alzaba el telón a una relación marital en la que si el varón no era lo suficientemente amoroso y delicado podía ocurrir que la mujer se convirtiera en frígida de por vida. 

Seguro que algún joven que pudiera leer esto pensaría que hablo de la Edad Media, pero, al menos en España, la realidad era esta hace tan solo cincuenta años. Y si no que le pregunten a sus abuelas. Por eso hay que dar la bienvenida a las despedidas de soltera, en cuanto suponen una confirmación de la igualdad femenina en un campo en el que hasta el desarrollo de los medios anticonceptivos en el siglo XX, a poco podían aspirar. 

Supongo, porque nunca asistí a ninguna, que estas fiestas femeninas tienen su propias características. Pero imagino a un grupo de treintañeras, entre detalles fálicos, desinhibidas para la ocasión con la ayuda del alcohol y quizá algún otro estimulante. Imagino al “Boy” embadurnando su cuerpo con nata montada o cualquier otra apetitosa sustancia, para ser lamido por las damas. Y no quiero imaginar más de esta “last night of freedom”, porque como leía recientemente a una conocida columnista murciana, “lo que pasa en una despedida se queda en la despedida”. 

Que ustedes lo pasen bien, chicas.


Publicado por corremundos @ 12:17
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