S?bado, 09 de febrero de 2013

Los ERE de Andalucía, las ITV de Cataluña, la trama Gùrtel, el caso Nóos, .....  Estos con los más conocidos, y quizá más escandalosos casos de corrupción descubiertos últimamente en nuestra clase política. Pero desgraciadamente no son los únicos. Por eso existe una decepción generalizada en la ciudadanía hacia la política y los políticos. 

Cuando en 1978 votábamos la Constitución, lo hacíamos para establecer un sistema democrático avanzado, donde los políticos se ponían al servicio general del pueblo, donde la justicia se escribiera con mayúsculas, donde la igualdad de todos los ciudadanos estuviera garantizada. 

Sin embargo con el paso de los años el sistema ha devenido en una dictadura de los partidos, donde se prima la mediocridad militante y obediente sobre la inteligencia y los principios. Tal parece que nos hemos olvidado de Montesquieu. El gobierno, a través de su mayoría parlamentaria, controla el legislativo y a través del legislativo, el poder judicial. Y la partitocracia, la indecencia, el pelotazo, el todo vale, el fraude, el dinero negro y el egoísmo han levantado bandera. Solo nos faltaba la sinrazón de los nacionalismos. 

Se me dirá, con toda razón, que no todos los políticos son corruptos. Naturalmente. Ni todos los curas abusan de menores, ni todos los gitanos cantan y bailan, ni todos los homosexuales son sarasas, ni todo el maíz es transgénico. Pero me produce vergüenza ajena ver como todos los partidos, sin excepción, claman cuando afecta a las siglas del oponente y tratan por todos los medios de echar tierra al asunto cuando es propio. 

Urge una regeneración total en la política española. O esto estalla. Al tiempo.


Publicado por corremundos @ 12:52
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