S?bado, 01 de diciembre de 2012

Foto: EL  FUEGO DEL AMOR

De tu gozoso lecho lámpara confidente, aunque hagas todo lo que te apetezca, callaré.
 (Marcial, Epigramas, 39)

Suele decirse que el tamaño no importa. Es lo que sucede en este caso. A veces, las piezas arqueológicas más insignificantes nos aportan más confidencias que un fastuoso monumento. Así, la escena de este fragmento del disco de una lucerna nos desnuda el tema más clásico del acto amoroso. El amor, un asunto siempre generosamente tratado en todas las culturas, sin embargo en el mundo clásico entraba a formar parte de la vida ordinaria, adornando hasta los objetos de uso más cotidiano. En ese contexto, en la civilización romana, donde sexo y deseo erótico forman parte de la naturaleza, y donde no hallamos el sentido de pecado y culpa, lo sexual llegaba a exteriorizarse con mayor espontaneidad y con menos inhibiciones que en la sociedad actual. En esta escena, observamos dos amantes, la figura femenina aunque le falta la cabeza, sus pechos la delatan-, aparece sentada sobre un personaje masculino que yace recostado sobre un lecho. Es un tema muy repetido en este tipo de objetos, con abundantes paralelos en los que, casi siempre, aparecen los amantes en distintos momentos y actitudes del acto amatorio. Aparentemente, no establecemos ningún vínculo del argumento iconográfico con el cometido cotidiano del objeto. Sin embargo, Marco Valerio Marcial, poeta hispanorromano, nos la da la respuesta en la cita que encabeza estos comentarios. La lucerna es pues una estampa sexual de la vida diaria. Mientras los grandes ambientes de las domus, como salas y atrios, eran alumbrados con ostentosos portalámparas, estas pequeñas lamparillas, se prestaban a iluminar los aposentos más íntimos. La temática no deja lugar a dudas, la imagen, es prólogo de una atmósfera propicia al sexo, una sugestiva exhortación al juego y a la seducción del acto amoroso en la penumbra de una estancia, donde la oscuridad de la noche sólo es titilada por una seductora llama como único y silente testigo del juego de los amantes.

Miguel Martín Camino


DISCO DE LUCERNA
Material: Cerámica.
Cronología: Siglo I-II d.C.
Procedencia: Barrio de Santa Lucía. Colección García-Vaso.
Dimensiones: Alt. 4,8 cm. x 5, 4 cm. de anchura.
Depósito: Museo Arqueológico Municipal (Cartagena)
Nº inventario: 2835.

Imagen: DISCO DE LUCERNA
Material: Cerámica. Cronología: Siglo I-II d.C. Procedencia: Barrio de Santa Lucía. Colección García-Vaso.
Dimensiones: Alt. 4,8 cm. x 5, 4 cm. de anchura. Depósito: Museo Arqueológico Municipal (Cartagena)
Nº inventario: 2835.

Autor: Miguel Martín Camino

Fuente: Museo Arqueológico Municipal Enrique Escudero de Castro de Cartagena 

“De tu gozoso lecho lámpara confidente, aunque hagas todo lo que te apetezca, callaré”.
(Marcial, Epigramas, 39)

Suele decirse que el tamaño no importa. Es lo que sucede en este caso. A veces, las piezas arqueológicas más insignificantes nos aportan más confidencias que un fastuoso monumento. Así, la escena de este fragmento del disco de una lucerna nos desnuda el tema más clásico del acto amoroso. El amor, un asunto siempre generosamente tratado en todas las culturas, sin embargo en el mundo clásico entraba a formar parte de la vida ordinaria, adornando hasta los objetos de uso más cotidiano. En ese contexto, en la civilización romana, donde sexo y deseo erótico forman parte de la naturaleza, y donde no hallamos el sentido de pecado y culpa, lo sexual llegaba a exteriorizarse con mayor espontaneidad y con menos inhibiciones que en la sociedad actual. En esta escena, observamos dos amantes, la figura femenina –aunque le falta la cabeza, sus pechos la delatan-, aparece sentada sobre un personaje masculino que yace recostado sobre un lecho. Es un tema muy repetido en este tipo de objetos, con abundantes paralelos en los que, casi siempre, aparecen los amantes en distintos momentos y actitudes del acto amatorio. Aparentemente, no establecemos ningún vínculo del argumento iconográfico con el cometido cotidiano del objeto. Sin embargo, Marco Valerio Marcial, poeta hispanorromano, nos la da la respuesta en la cita que encabeza estos comentarios. La lucerna es pues una estampa sexual de la vida diaria. Mientras los grandes ambientes de las domus, como salas y atrios, eran alumbrados con ostentosos portalámparas, estas pequeñas lamparillas, se prestaban a iluminar los aposentos más íntimos. La temática no deja lugar a dudas, la imagen, es prólogo de una atmósfera propicia al sexo, una sugestiva exhortación al juego y a la seducción del acto amoroso en la penumbra de una estancia, donde la oscuridad de la noche sólo es titilada por una seductora llama como único y silente testigo del juego de los amantes.



Publicado por corremundos @ 21:52
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