Domingo, 17 de enero de 2010

De siempre existieron las grandes catástrofes naturales, que en forma de huracanes, inundaciones, irrupciones volcánicas, terremotos, tsunamis etc., castigaron severamente a la humanidad.  Pero no por ello ha de resultar menos sobrecogedor un drama humano de la magnitud del que se está viviendo en Haití con ocasión del reciente terremoto. Un drama cuya proporción e imágenes sobrecogen al mundo.   El agravante es que Haití es uno de los países más pobres de la Tierra, a la altura de pobreza de esos países del continente africano como Zimbawe o el Chad que son escaparate de la pobreza del mundo. 

Haití proclamó su independencia de Francia en 1804, siendo la primera nación latino-americana en hacerlo. Pero jamás tuvo un gobierno que desarrollara el país en sus distintas vertientes. Fue ocupado militarmente por EEUU entre 1915 y 1934, sufriendo posteriormente la dictadura de los Duvalier (Papá Doc y Nené Doc) bendecida por EEUU., hasta 1988. 

Hoy la economía de Haití depende en buena medida de las remesas, que representan el 40 por ciento del PIB; y de la asistencia financiera exterior, la cual constituye el 50 por ciento. El desempleo se estima en 70 por ciento, en tanto que alrededor del 80 por ciento de una población estimada en unos 10 millones vive en la pobreza extrema, con la mitad de los haitianos dependiendo del sector agrícola. Por ello, la emigración se produce a gran escala -principalmente a Estados Unidos, Canadá, República Dominicana, las Bahamas y otros vecinos del Caribe- estimándose que uno de cada seis haitianos abandona el país en busca de oportunidades en otra nación. 

En este orden de cosas no es de extrañar que el terremoto haya arrasado sus viviendas de adobe y haya sorprendido al país sin  las estructuras básicas para aminorar y hacer frente a las emergencias  Con cifras de muertos que alcanzan varias docenas de miles, quizá 100.000, quizá mas, el peor drama se presenta para los supervivientes, que deambulan por las calles sin rumbo, en dependencia exclusiva de la ayuda internacional. La conciencia del mundo parece responder, pero....¿y mañana? 

Porque esto es precisamente lo que quería decir. Si los dirigentes mundiales no se plantean de forma inequívoca una política tendente al desarrollo individual y colectivo de los países pobres y la erradicación de la pobreza extrema, poco o nada habremos hecho. 

El apoyo internacional debe hacer realidad las palabras del profeta Isaías: Ya no se dirá de ti jamás «abandonada», ni de tu tierra se dirá «desolada” (Is. 62,4)
Publicado por corremundos @ 20:50
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