Martes, 01 de diciembre de 2009
Hoy, 1 de Diciembre, es el aniversario del fallecimiento de mi madre. Seguro que todas las madres son maravillosas. La mia desde luego lo era. Durante la eucaristía con la que cada año recuerdo esta fecha, he tenido ocasión para recordar y reflexionar.

He recordado aquella maravillosa homilía que D. Antonio Martínez Valero pronunció ante tu cuerpo presente. De como en plena juventud (18 años) y siendo la mayor de ocho hermanos (el menor de seis meses) pierdes a tu madre y asumes el compromiso de criar a tus hermanos menores como si fueras su propia madre. Y de como pasados los años podías decir con legítimo orgullo, que todos ellos se habían convertido en personas de bien. De como sufriste el drama de la guerra civil. Y debido a todo ello, ya mayor, contraes matrimonio y vuelves a empezar para educarnos a mi hermana y a mi.

Pero hay algo que hoy he recordado especialmente. Como cada vez que salía por la puerta de casa recibía tu beso y escuchaba tu voz "Adiós hijo, y que Dios te haga un santo".... ¡¡que Dios te haga un santo!!...¿cuantas madres despiden a sus hijos con esa frase?... Una frase producto de una fe infinita, que de alguna manera nos inculcaste. 

No tuviste suerte conmigo. Demasiados defectos. Y poco cerebro para sentar la cabeza a su debido tiempo y aplicando la doctrina del amor, multiplicar los talentos. Y es que los tontos, con permiso de Juan Bautista María Vianney, santo cura de Ars, no pueden ser santos.

Han transcurrido dieciseis años desde que nos dejaste. Pero aún hoy....¡te echo tanto de menos!...

Publicado por corremundos @ 23:40
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