Mi?rcoles, 05 de agosto de 2009

Hace solo unos días, regresó de Taizé mi sobrina Marina. Tuvo el detalle de traerme un precioso obsequio: un pequeño calendario preñado de oraciones y pensamientos del hermano Roger de Taizé, quien, allá por los años 40 del pasado siglo, fuera fundador de una comunidad de carácter ecuménico, que superando las absurdas divisiones entre los cristianos, supuso una regeneración espiritual de grandes dimensiones, que cada año congrega en su Monasterio a jóvenes de toda procedencia deseosos de conocer y experimentar su carga de espiritualidad.  Taizé-altare i Kista kyrka por Joakim Holmström  Frere Roger nació en Suiza, hijo de un pastor protestante. En 1940, con 25 años se instala en la aldea de Taizé, a sólo unos kilómetros del famoso monasterio de Cluny, del cual partió en el siglo XI la reforma de la Iglesia occidental, adquirió una casa y se dedicó a cultivar el trozo de tierra colindante, y a ordeñar la única vaca para alimentarse y sustentarse. A esta casa cada hora llegaban fugitivos en busca de albergue; tras ellos la Gestapo nazi siempre alerta. 

En 1949, queda formada la comunidad. En 1951 dejaron Taizé algunos de los primeros hermanos y se dirigieron a la región minera de Montceau-les-Mines con el fin de vivir y trabajar en las minas. Otras fraternidades por el estilo surgen en los barrios de miseria de Argel, en medio de la guerra contra Francia; un barrio negro en Chicago, en Recife, junto al arzobispo brasileño Helder Cámara y, en Bangladesh con jóvenes musulmanes, budistas e hindúes. Mientras tanto, en Taizé se habían unido a la comunidad los primeros católicos. Con ellos, la primera orden religiosa protestante se convirtió en la primera comunidad fraterna ecuménica de la historia de la Iglesia. 

El último acto en el que se vio al hermano Roger fue en la misa funeral por Juan Pablo II. Allí se produjo un momento de intensa emoción, cuando el entonces todavía cardenal Joseph Ratzinger le dio la comunión. Durante la oración del atardecer del martes 16 de agosto de 2005, en medio del gentío que rodeaba a la comunidad en la Iglesia de la Reconciliación, una mujer desequilibrada acuchilló violentamente al hermano Roger, muriendo algunos minutos después. 

Nos queda su espíritu. De entre sus libros, hay uno con un título significativo: “Dios solo puede amar”.

Muchas gracias, querida Marina, por este regalo de enorme valor espiritual.
Publicado por corremundos @ 21:29
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