S?bado, 27 de junio de 2009

Nuestro mundo está lleno de ídolos con pies de barro; personajes sin mérito lanzados al estrellato por los medios de comunicación actual. Y no solo eso. Nuestra propia vida, la de cada uno de nosotros se llena de pequeños y absurdos ídolos a quienes hemos de dedicar tiempo y sacrificios. Es la dictadura de la sociedad mediática.

 

Así, mientas la quinta parte de la humanidad se muere de hambre, aquí nos gastamos lo que haga falta en cirugía estética, para eliminar unas simples arruguitas propias de la edad.

 

Pero me estoy apartando del tema. Porque hay ídolos que lo son en virtud de sus propios méritos. Tal era el caso del recientemente fallecido Michael Jackson. Alcanzó la cima de popularidad merced a su música. Una música que inundó las discotecas de hace unos años y vendió más discos que nadie.

i grew up listening to micheal jackson por {8 shadowplay 8} Pero tras su fallecimiento, uno no puede evitar el comparativo con otras grandes figuras como Marilyn Monroe o Elvis Presley. Personajes que podrían suscitar una cierta envidia al ciudadano de la calle, cuando la realidad es que su vida ha estado marcada por la mala suerte. Porque detrás del éxito y de su condición de héroes populares, no hay sino una existencia que ha caminado en sentido contrario a los cuentos de hadas. La princesa se transforma en cenicienta y se cierran las puertas del país de nunca jamás.

 

El paradigma del héroe con pies de barro nos lo describe el profeta Daniel en la Biblia:
"En el sueño, el rey veía que en su presencia se levantaba una estatua muy grande y brillante, de aspecto impresionante. La cabeza de la estatua era de oro puro; el pecho y los brazos de plata; el vientre y los muslos de bronce; las piernas de hierro y una parte de los pies era de hierro y la otra de barro. Mientras estaba mirando, de un monte se desprendió una piedra, sin que nadie la empujara, y vino a dar contra los pies de la estatua y los destrozó. En un momento, el hierro, el barro. el bronce, la plata y el oro quedaron todos convertidos en polvo, como el que se ve en verano cuando se trilla el trigo, y el viento se lo llevó sin dejar el menor rastro. Pero la piedra que dio contra la estatua se convirtió en una gran montaña que ocupó toda la tierra" (Daniel, 2, 31-35).

Al final nos quedamos con aquella cuestión que ya nos planteó Cristo: "De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?" (Mt. 16,26)


Publicado por corremundos @ 13:26
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