Domingo, 31 de mayo de 2009

El abuso sobre menores me parece un acto total y absolutamente abominable.

 

Y quiero decir esto, porque me han sentado bastante mal las palabras del Cardenal Cañizares, que diciendo “no es comparable”, compara, con una clara intención de aminorar la gravedad de los hechos que acontecieron en Irlanda y que han sido desvelados por el “Informe Ryan”.

 

Y es que si en cualquier caso me parece abominable, lo es muchísimo más cuando proviene de eclesiásticos. Y sobre todo en una época en que esas mismas personas predicaban doctrinas radicales referentes a “la pureza” y mortificaban a los chavales de 13, 14 o 15 años por sus actos de masturbación (¿hay algo más natural que la masturbación en un adolescente?). Estas doctrinas farisaicas ya fueron desmanteladas por el propio Cristo, que enfrentándose a los lapidadores les espetó: “Quien de vosotros esté libre de culpa, ¡que tire la primera piedra!” (Jn. 8,7).

 

Pero no debemos confundirnos. Este gravísimo pecado del abuso sobre menores no es un pecado de la Iglesia, sino de eclesiásticos con nombre y apellido. La Iglesia, pueblo de Dios, comunidad de creyentes, es en este caso sufridora de esos pecados. Estos eclesiásticos (sea el caso de  Irlanda, sea en EEUU, o sea en cualquier otro lugar), caen en la indignidad absoluta, y solo merecen mi repugnancia.

 

Pero bien haría la jerarquía eclesiástica en tratar de revisar sus propias doctrinas, sobre sexualidad, celibato sacerdotal y otros muchos etcéteras, que no están ajustadas al Evangelio y están alejando a tantas personas de la comunión eclesial. Ese si es un pecado de la jerarquía eclesiástica.

 

Quería decirlo y lo he dicho.
Publicado por corremundos @ 12:14
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