Viernes, 30 de enero de 2009
Era tal la pasión que tenía por sus hijas, tanta la sobreprotección que llegó un momento en que ellas, ya mayores de edad, no supieron ganarse la vida por sí mismas.

Eran malos tiempos los que corrían, y en una Francia azotada por la peste y la ruina, tanto económica como de valores, el no tener la capacidad adecuada para autoganarse la vida era una gran desventaja.

Terèse, la mayor de las dos, optó por hablar con su padre.

Odette, con tan sólo 16 años, tímida y temerosa del carácter de Joseph, su padre, escuchaba la conversación detrás de la puerta entreabierta.

-Padre, entiéndenos, vivimos sólo bajo tu regazo y tu yugo protector. Entiendo que ya eres mayor y que temes por la salud y la seguridad de las dos. Pero esta epidemia no deja títere con cabeza y un día, Dios no lo quiera, tu enfermarás como ocurrió con mamá, y no habrá doctor en la Villa ni dinero en el mundo, que evite que quedemos huérfanas y sin medios para sobrevivir.

Joseph, el padre, de unos 60 años, aunque fuerte de carácter y con el corazón tallado en piedra por todos los sufrimientos que hubo de vivir, también tenía un alma bondadosa y empática. Con una voz comida por un llanto, tantas veces descargado en una alcoba mal iluminada por un candil; por el alcohol, para olvidar tantos años de luto e impotencia por la muerte de su esposa; por los gritos, ahogados por una almohada de lana, dijo a su hija:

-Terése, coje mi mano y escucha con atención: os he criado como bien he sabido, sabeis que pronto enviudé, apenas tu hermana tenía dos años y tu cinco; todo lo que teneis ha sido fruto de mi lucha por sacaros adelante sin yo desfallecer en el intento, ¿y aún con todo me reprochas que lo he hecho mal?. Hija, dime, en que he errado para poder rectificar a tiempo.

Odette lloraba tras la puerta, Terése tenía el corazón en un puño y apenas articuló estas palabras:

- Padre, nadie juzga como nos has criado, lo has hecho maravillosamente, pero quizá no caiste en que debemos aprender a vivir por nosotras mismas; eso no significa que te dejemos de lado.

- De eso tengo miedo hija, de que una vez que os sepais ganar la vida me tireis como un trasto viejo y...

Un rio de lágrimas surcaba las mejillas de Joseph y caían sobre su viejo jersey de lana. Las manos temblorosas agarraban las de su hija con una fuerza que sólo un padre puede manifestar y por los ojos le suplicaba piedad.

Terése ya no pudo resistir más y se abrazó a él. Odette empezó a sollozar tan fuerte que tuvo que salir de su escondite para no ser descubierta y se puso en medio de la sala donde su hermana y su padre estaban abrazados. En un gesto de su padre se unió al abrazo.

Entonces ya sólo se oyeron palabras de perdón y de buenas intenciones.

Cuando el padre quedó solo un soplo de aire abatió su alma.

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Los funerales serán mañana a las 10 en la iglesia de Notre Damme. Se cantará misa de difuntos a cargo del Padre Emanuel. Las hijas ruegan una oración por su alma.

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Sobre las doce del medio día Odette y Terése volvieron del funeral a su casa para  recojer las pocas pertenecias que tenía su padre guardadas en el armario.

Alli encontraron un pequeño cofre de madera y metal cuya llave colgaba de una cuerdecita del agarrador del mismo.

Abrieron la caja y lo que alli encontraron...



Publicado por meme76 @ 16:37
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