Domingo, 28 de diciembre de 2008

¿Feliz Navidad?

Fue el
Papa Julio I, quien en el año 350 propuso el 25 de Diciembre como fecha de celebración del Nacimiento de Cristo. En esta fecha se celebraban en Roma las fiestas saturnales del solsticio de invierno, por lo que facilitaba que los romanos convertidos al cristianismo pudieran mantener sus fechas festivas.

 

Pero esto es solo historia, y mi reflexión de hoy se centra en las fiestas de Navidad tal como se celebran en esta primera década del siglo XXI. Hay sin duda múltiples componentes que hacen que los sentimientos que se despiertan durante estas fechas sean controvertidos.

 

Por un lado contemplamos la celebración desde un punto de vista religioso. Actualizamos el nacimiento de Cristo, el Hijo de Dios, en quien se cumplen las palabras de los Profetas, aquel que era anunciado por Juan el Bautista “¡Arrepentios, porque el Reino de Dios, está cerca!” (Mt. 3,2). Un tiempo, pues, para profundizar en la doctrina de Cristo, que no es otra que la doctrina del amor. Como señala San Juan en su primera carta: “El que no ama, no conoce a Dios, pues Dios es amor” (I Jn. 4,8). La celebración cristiana de la Navidad, es un ¡Aleluya!, solo empañado por las carencias de tantas personas en nuestro entorno.

 

Aunque este aspecto religioso se reduce hoy a una minoría de creyentes, posiblemente informa lo que se ha dado en llamar “Espíritu de la Navidad”, por el que todo el mundo se desea paz, felicidad y bienestar.

 

Sin embargo, en nuestro mundo de hoy, cada día más laico, hay un número creciente de personas que en estas fechas, se sienten especialmente infelices. Quizá porque son fiestas muy apropiadas para los niños, que gozan de vacaciones, regalos, cercanía de padres y abuelos, calles engalanadas, y gran número de atracciones. Pero para aquellos adultos, cuyas familias están desestructuradas, con problemas de distinta índole, son días de añoranza de las personas que ya no están presentes, de aquella felicidad perdida, de una estabilidad nunca hallada.

 

Perdido el sentido religioso de la festividad, todo se reduce a un despilfarro consumista que termina siendo un factor de tristeza y depresión para muchos. Y es que la búsqueda de la felicidad es siempre muy complicada. Quizá deberíamos recordar al historiador ateniense Tucídides (s. V a.C.), cuando sentenciaba: “El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace”

Tags: Navidad

Publicado por corremundos @ 19:26
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Precisamente a mi la Navidad me recuerda mucho a mi madre y aunque intento mantener al ?nimo arriba...
Adem?s demasiado consumismo, es una pena; con tanta gente pasando necesidad en el mundo... Deber?amos pensar con el coraz?n no con el bolsillo
Publicado por meme76
S?bado, 17 de enero de 2009 | 0:58