Lunes, 09 de junio de 2008

GOYA EN TIEMPOS DE GUERRA.

 

La conmemoración del bicentenario del levantamiento popular de 1808, ha llevado hasta buena parte de la geografía española, y principalmente a Madrid, un sinnúmero de actividades culturales como libros, conferencias, conciertos, películas, exposiciones y demás. Uno de los objetivos de esta visita a Madrid, era la exposición del Museo del Prado, que bajo el título “Goya en tiempos de guerra”, ofrece un recorrido por la temática pictórica del genial aragonés.

Madrid. Estatua de Francisco de Goya. Dada la magnitud del artista, y su impresionante retrato tanto de la sociedad, como de los hechos y costumbres de la época, la exposición resulta casi imprescindible para tratar de entender el siglo XIX en España, un siglo que para nosotros viene enmarcado por las grandes derrotas navales de Trafalgar (1805) y Cavite y Santiago de Cuba (1898) que significan el ocaso del poder internacional español, en una época de importantísimos avances tanto científicos como intelectuales a los que nuestro país asiste ajeno, encerrado en su propio autismo. Por eso quiero, aunque de forma somera, dejar constancia de parte de lo visto.

 

En orden cronológico, empezaré por “Los Caprichos”, colección que presenta una devastadora “censura de los errores y vicios humanos”, especialmente de la nobleza y el clero. Se trata de grabados que combinan aguafuerte y aguatinta, y que Goya publica en 1799, con una tirada de 300 ejemplares que pone a la venta en la tienda de perfumes y licores de la calle Desengaño nº 1 de Madrid, al precio de 320 reales de vellón. Retiradas de la venta 14 días después por la situación política, en 1803 decidió, probablemente para evitar mayores problemas con la Inquisición, ceder las ochenta láminas de cobre a la Real Calcografía -institución en la que en la actualidad se conservan- junto a 240 ejemplares a cambio de una pensión para su hijo.

 

Sin duda, los cuadros centrales de la exposición son el “Dos de Mayo. La lucha contra los mamelucos” y el “Tres de Mayo. Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pio”, que han sido restaurados para la ocasión, recuperando incluso las zonas dañadas por su traslado a Valencia durante la guerra civil. Pintados en 1814 reflejan en toda su crudeza la irracional violencia de la guerra. Perder unos cuantos minutos en su contemplación detallada es un ejercicio recomendable.

 

Continuamos por la serie de aguafuertes “Los Desastres de la Guerra”, realizados entre 1810 y 1815, que nos revelan una visión patética de la persecución, el sufrimiento y la muerte. La represión absolutista propició que esta serie no se publicara hasta su redescubriendo en 1863.

 

La serie de grabados “La Tauromaquia”, que guardan relación directa con la muerte, la pone Goya a la venta en 1816 con el fin de ganar algún dinero, cuando había sido depurado por sus servicios en la corte del rey José I. Partiendo de la obra de Nicolás Fernández de Moratín, Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España”, Goya refleja con insuperable fuerza de expresión, distintos aspectos de la fiesta española más popular de la época.

 

Termino con la serie “Los disparates”, realizada entre 1815 y 1823, que permaneció inédita hasta 1864, en la que Goya nos adentra en un mundo onírico donde se confunde lo real con lo irreal, y en el que lo grotesco se da la mano con lo enigmático. De esta manera, entre el carnaval, el sexo, la violencia y la demencia, parece cuestionar las instituciones del Antiguo Régimen y el poder establecido.

 

Pero la exposición es mucho más. Porque se desliza a través de los distintos momentos y circunstancias en que se desarrolla la vida del pintor, y nos acerca sus trabajos cortesanos, sus relaciones sociales, su familia, sus retratos –por cierto me detuve ante un impresionante retrato del actor Isidoro Máiquez, traído desde Chicago- y en definitiva nos deja un retazo del alma de Goya.

 

Solo por ver esta exposición está más que justificada la visita a Madrid.


Publicado por corremundos @ 16:56
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