Domingo, 01 de junio de 2008

Toros en Madrid: los tiempos de la liturgia

 

Siempre que tengo oportunidad, me gusta acercarme hasta la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, para ser testigo de una corrida de toros. Con ocasión de mi reciente viaje vacacional, ha podido presenciar un par corridas de la Feria de San Isidro.

 

 Asistir a una corrida de toros en Madrid, supone recuperar todos los tiempos de la liturgia taurina. Y es que siendo los toros un ritual de vida y muerte, adquieren una naturaleza de carácter único y superior cuando contemplamos la posibilidad de su consideración litúrgica como ofrenda y sacrificio de signo expiatorio.

 

Si bien la antigua liturgia mitológica considera el holocausto como ofrenda ígnea (holocausto, del griego λον “completamente” y καυστον “quemado” ) e incluso la torá judía (“olah” un término traducido como holocausto en la Septuaginta), las concepciones introducidas por el cristianismo, centran el valor del sacrificio en la sangre “sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre” (Romanos, 3,25).

 

Veamos los componentes del ritual:

 

Como animal sacrificial un espécimen único y sin igual: el toro bravo o toro de lidia, que hereda las condiciones fenotípicas del extinto uro, y manifiesta unas especiales características de bravura, casta y nobleza. "Si su ofrenda es holocausto del ganado vacuno, ofrecerá un macho sin defecto”  (Levítico, 1,3)

El toro vive por un tiempo no inferior a cuatro años en la semilibertad de la dehesa, bajo la vigilancia de unos cuidadores vocacionalmente amantes del animal: los ganaderos de bravo. Del comportamiento del toro en la plaza deriva el reconocimiento del público que podrá premiarle con una ovación, la vuelta al rueda, y en casos excepcionales con el indulto: “No alargues tu mano …. ni le hagas nada”  (Génesis, 22,12)

 

Como ara sacrificial el ruedo de la plaza de toros. En Madrid tiene un diámetro de 60 metros, encontrándose perfectamente cuidado y marcado.

 

Los oficiantes son los toreros, a saber:

picadores (toreros a caballo con dignidad para vestir de oro, que habrán de picar al toro a contraquerencia, fijando la pica sobre el morrillo, sin utilizar ventajas tan usuales en la actualidad como hacer la “carioca” tapándole la salida al toro o barrenar y recargar sobre la herida)

banderilleros y toreros de brega (encargados de colocar las banderillas o avivadores y de auxiliar al matador en labores como correr al toro o colocarlo en suerte con un suave capotazo)

matadores (ministros máximos del sacrificio, quienes habrán de preparar al toro mediante una medida faena, donde han de conjugar, oficio, valor, temple y torería, para matar al toro con una estocada en lo alto)

“Inmolará el novillo ante Yahveh;  y los sacerdotes hijos de Aarón, ofrecerán la sangre y la derramarán alrededor del altar” (Levítico, 1,5)

 

En un estadio inferior a los toreros, el personal de servicio: areneros, mulilleros, torileros, músicos sin cuyo trabajo no sería posible desarrollar la corrida.

 

Y finalmente el público es el pueblo realmente representado en el sacrificio, y por tanto su destinatario último. Conocido en los toros como “el respetable”, tendrá la potestad de sancionar la labor de los toreros, premiando o recriminando su actuación. “Yahveh miró propicio a Abel y su oblación, mas no miró propicio a Caín y su oblación” (Génesis, 4, 4-5).

 

Bien, pues todo lo expuesto, que debe apreciarse en cualquier plaza de toros, es en Madrid, donde verdaderamente se puede vivir en su integridad. Porque en Madrid se cumple con mayor escrúpulo el reglamento, porque en Madrid el toro ha de saltar íntegro a la plaza, porque en Madrid no se permite al torero estar delante del toro sin sentido, protestarán sus ventajismos tanto como reconocerán su toreo hondo, porque en Madrid el público no va a merendar ni a tirar de bota, porque en Madrid la música toca en los intermedios pero respeta el momento solemne de la faena y la muerte.


Tags: Madrid Tauromaquia

Publicado por corremundos @ 19:35
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