S?bado, 12 de abril de 2008

Charlton Heston en la memoria

 

Eran otros tiempos. Los niños que crecimos en la España de los años 50 del siglo pasado, no conocíamos la televisión ni los video-juegos ni las tecnificaciones actuales. Nuestros ocio se centraba en patear un balón en la calles de la periferia (siempre atentos que no apareciera un guardia urbano), jugar a las canicas o hacer la guerra a pedradas con los chicos de otro distrito.

 

Pero los domingos era otra cosa. Era fiesta de guardar y echábamos la tarde en el cine, con aquellos inolvidables “programa doble en sesión continua”. En vez de palomitas, el pan y chocolate que nuestras madres nos liaban en papel de estraza. Nada que ver con el cine de hoy. En ocasiones, Hollywood  nos obsequiaba con una gran película de carácter épico. Entonces acudíamos en familia a un cine de estreno. Y aquí es donde entra el recuerdo de Charlton Heston, el controvertido actor norteamericano recientemente fallecido.

 

Por aquel entonces, en la ciudad de Cartagena, donde se desarrolló mi infancia, se inauguraba una nueva sala de proyección cinematográfica con el nombre de “Cine Mariola” y lo hacía con una película titulada “Los Diez Mandamientos” (Cecil B. DeMille, 1956) en la que junto a Charlton Heston (Moisés) trabajaba Yul Brynner (Faraón Ramsés). Posteriormente nos llegarían otras cintas de este mismo actor como “Ben Hur” (William Wyler, 1959) o “El Cid” (Anthony Mann, 1961) con Sofía Loren en el papel de Doña Jimena. Son tres películas que forman parte de la memoria colectiva de los niños de la época. El cine de entonces nos invitaba a superar con la ficción las carencias cotidianas. Nos metíamos en la pantalla y participábamos ilusionadamente en la épica del cine.

 

 Y digo esto sin alinearme con quienes en la actualidad hacen crítica fácil de la realidad de entonces. Era difícil, pero no era triste, tal como se nos quiere pintar ahora. No participo de esa visión de puro oportunismo político. No coincido con la perspectiva de Almodóvar (un cineasta genial) en su película “La mala educación”. Y no quiero con ello decir que era buena, simplemente era la educación de la época. Con una filosofía  distinta. Con grandes defectos y carencias, indudablemente, como la diferenciación por sexos, que por ejemplo convertía a la música en materia propia de chicas, o la Educación Física masculina en una tabla de marcado espíritu paramilitar. Pero quienes nos educamos con el plan de bachillerato de 1957, no teníamos problemas de comprensión con la lectura, dominábamos las raíces cuadradas, y no confundíamos Bailén con las Navas de Tolosa. Y si hablamos de manipulación de la Historia o intoxicación ideológica, existía entonces, pero sigue existiendo ahora.

 

En fin, aquello no era mejor ni peor, simplemente distinto. Y el fallecimiento de  Charlton Heston me ha hecho recordar. Son historias del siglo XX, y estamos en el XXI. Con todas las oportunidades que se nos abren.

 

 


Tags: cine

Publicado por corremundos @ 18:05
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