Domingo, 25 de septiembre de 2011

Troy Davis, de 42 años y raza negra, fue ajusticiado en el Estado de Georgia, a las 11 de la noche y once minutos del pasado 23 de Septiembre (5 de la madrugada y 11 minutos del día 24 en España). 

De nada sirvió que hubiese serias dudas sobre su culpabilidad, que los testigos se desdijeran, que Amnistía Internacional liderara una campaña de firmas en su apoyo, o que personas influyentes como Jimmy Carter o el Papa Benedicto XVI, e incluso la propia Unión Europea, intercedieran a su favor. 

Este hecho reabre de nuevo el debate sobre la pena de muerte, que está totalmente superado en países y sociedades de democracia avanzada, convirtiéndose en requisito imprescindible para poder formar parte de numerosas instituciones internacionales, como el Consejo de Europa o la Unión Europea, pero que sigue practicándose en un país (EEUU) que quiere presumir de defender los derechos humanos en todo el mundo. 

Es curioso que históricamente la implantación de la pena de muerte supusiera un avance humanitario frente a la venganza popular y el linchamiento descontrolado. El establecimiento de leyes que la regulasen significó la existencia de requisitos y garantías en su aplicación. Se conocen antecedentes desde hace unos cuatro mil años, en Mesopotamia: los primeros códigos legales con que contamos son los de los reyes Ur-Nammu de Ur (hacia 2050 A.C.) y Hammurabi de Babilonia (hacia 1750 A.C.). 

Pero en muchos casos la aplicación de estas leyes se ha hecho con saña, tratando de causar el máximo sufrimiento al reo con fórmulas atroces como descuartizamiento, cocción, enredamiento, empalamiento, crucifixión, lapidación....etc. Espíritu de venganza puro y  duro. Sin embargo las jerarquías políticas e incluso religiosas defendieron hasta tiempos muy recientes, el ejercicio legítimo de la pena de muerte. 

Sin duda el paso definitivo habrá de ser la definitiva abolición de la pena de muerte en todo el mundo y en cualquier circunstancia. 

Ya en el siglo XII, Maimónides, judío sefardí nos dejó esta sentencia: “Es mejor y más satisfactorio liberar a mil culpables que sentenciar a muerte a un solo inocente”.


Publicado por corremundos @ 19:02
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