Fue el 15 de Mayo, festividad de San Isidro, cuando la Puerta del Sol de Madrid fue ocupada por un conjunto de gentes heterogéneas con una sola cosa en común : estaban “indignados”; esto es, hartos de una situación social insostenible, donde las tasas de paro alcanzan a altísimos fragmentos de la población, donde la pobreza parece conducirnos a épocas pasadas, donde la juventud no encuentra horizontes.
Pero estaban sobre todo hartos de un sistema político-económico perverso, donde el auténtico gobierno en la sombra viene determinado por un sistema financiero controlado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo, quienes llevan decenios marcando unas directrices de espaldas a las personas y de cara a las grandes multinacionales y a los grandes capitales.
Hartos de un sistema político, que se auto-declara democrático, pero que está absolutamente infectado de políticos corruptos e incapaces de dar respuesta a los auténticos problemas del ciudadano; que solo se preocupan de que se les vote, para mantenerse a si mismos. Hartos de una Administración ineficaz, llena de instituciones inútiles. Hartos de unos Sindicatos que solo se representan a si mismos.
Un movimiento enmarcado en la civilidad y la no violencia, que reclama “Democracia real ya” y que acusa a los poderes políticos y económicos de su precaria situación exigiendo un cambio de rumbo. Desde este punto de vista, ¿Quién no simpatiza con este movimiento?.
Sin embargo despierta opiniones encontradas. Quizá porque se sospecha que un movimiento de este tipo, ha de terminar contaminado por elementos radicales y anti-sistema. Quizá porque partiendo de su propio y heterogéneo germen, no sean capaces de poner sus propuestas en positivo. Quizá porque siempre se teme a lo desconocido.
En cualquier caso, personalmente doy la bienvenida a este movimiento. No se si llegará a buen puerto, pero supone, un soplo de aire fresco, una importante llamada de atención a un sistema que viene dando muestras de una preocupante esclerosis y que, de alguna manera, habrá de verse obligado a buscar nuevas fórmulas y nuevas soluciones. O al menos, esa es mi esperanza.
Porque soy un convencido de que UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE.