Cuando tanto se habla, de forma muchas veces arbitraria, de “memoria histórica”, bien está rescatar del olvido secular una figura que en su tiempo fue adalid de la justicia y los derechos del hombre: Juan de Palafox y Mendoza
Nacido en la villa navarra de Fitero en el año 1600, cursó estudios universitarios en Huesca, Alcalá y Salamanca, entró al servicio de la Monarquía en 1626 y en 1629 se ordenó sacerdote. Constituye un personaje rico y polifacético, donde se reúnen el hombre de Iglesia, el político, el escritor, el poeta, el editor, el reformador, el mecenas de las artes y la música, el legislador y el hombre de profunda fe y espiritualidad.
En 1639 fue nombrado obispo de Puebla de los Ángeles, en México (la Nueva España). Allí se convirtió en el informador de confianza del rey, con el cargo de «visitador» para luchar contra la corrupción. Incluso ejerció provisionalmente como Virrey y Capitán General en 1642.
Pero si traigo hoy la figura de Juan de Palafox a este blog, es porque siendo un escrupuloso defensor de la justicia, “justicia torcida no es justicia”, abrazó con decisión la causa de la defensa de la dignidad de los indígenas.
Seguidor en cierta medida de teóricos a favor de los indígenas, como los frailes Bartolomé de las Casas, Domingo de Soto y Francisco de Vitoria, quiso que la sociedad respetara a los indios «porque eran personas justas y rectas y no porque les tuviesen miedo». Prohibió claramente cualquier método de conversión que no fuera la palabra y la persuasión. En 1650 escribió «De la naturaleza y virtudes del indio», un texto equilibrado que defiende a los nativos americanos sin caer en el mito del «buen salvaje». Postuló para ellos educación y derechos laborales. Reclamó que los patronos les proporcionaran carne para comer. Peleó para que no trabajaran más tiempo del necesario e incluso propuso que los indios tuviesen una hamaca para descansar y más tiempo de vacaciones.
Su determinación para implantar los decretos del Concilio de Trento, le valió un enfrentamiento con el clero regular, especialmente la Compañía de Jesús. Presiones de estos en la Corte, le obligaron a volver a España en 1649, donde fue obispo de Osma hasta su muerte, en olor de santidad, diez años después.
Hoy, 5 de Junio de 2011, la Catedral de Burgo de Osma ha vivido el acto solemne de la beatificación de Juan de Palafox y Mendoza, presidida por el delegado papal, Cardenal Ángelo Amato, quien ha comparado la situación de los indios entonces, con la de los emigrantes en nuestros días. Un punto para la reflexión.