Vivía yo en Madrid, en la ya lejana fecha de 1977, cuando se estrenó “Annie Hall” de Woody Allen. Quedé tan fascinado, que desde entonces, espero cada año el estreno de su nueva película para acudir a las salas de proyección. Y aunque siempre tienen el sello de este genial cineasta, su producción es irregular y alguna película hasta puede parecernos un “tostón”.
Pero este año, con la medianoche parisina, la cenicienta se ha convertido en princesa. Porque con “Midnight in Paris”, película de coproducción española que recibió grandes críticas en Cannes, recuperamos toda la grandeza cinematográfica de Allen. En mi opinión su mejor película desde que abandonó Manhattan. Tiene encanto y frescura, para desarrollar un guión donde se da respuesta a la vieja pregunta: ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
Interpretada por Owen Wilson, Rachel McAdams y Marion Cotillard en sus principales papeles, representa el viaje a París de un escritor norteamericano que trata de encontrar su propia vocación y estilo. Añorante del París bohemio, cada día, cuando el reloj da las campanadas de medianoche, un automóvil de época le traslada al Paris de los años 20, donde encuentra aquel ambiente artístico con el que sueña para alternar con personajes tales como Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Gertrus Steiner, Cole Porter, Picasso, Juan Belmonte, Buñuel o Dalí, con quienes comparte opiniones y vivencias, se divierte, visita los lugares de moda y hasta se enamora.
Buscamos la Edad de Oro, sin advertir que cada época tiene sus propios creadores, sus propios artistas, sus propios genios. Es solo que al convivir con ellos, nuestra ceguera nos hace incapaces para reconocerlos y llegamos a renegar de los tiempos presentes.