miércoles, 19 de enero de 2011

Si desde un punto de vista general el año 2010 ha sido un año en que la crisis económica se ha hecho más presencial para la ciudadanía, que tiene cada día más dificultades para una subsistencia digna, a nivel personal, he de destacar un hecho positivo: mi llegada hasta Santiago de Compostela para ganar el jubileo en este Año Santo.

El Camino de Santiago es un paradigma de la vida misma. Nuestra vida no es sino un permanente peregrinar, cuyo destino final es el encuentro con Dios. Y en la vida hemos de mostrar esa determinación, esa perseverancia, ese esfuerzo, esa convivencia, ese respeto, y en definitiva esa fe, que nos posibilitarán llegar al final del camino y alcanzar el objetivo. Es ilustrativa esa imagen de los peregrinos tumbados en la plaza del Obradoiro, con la mirada puesta en la fachada de la Catedral, agotados, pero serenos, con la conciencia del deber cumplido.

Por mi condición y física y principalmente por no disponer de tiempo, no he podido hacer a pie el Camino. Pero he llegado a Santiago, lleno de ese espíritu del caminante. Mi camino, insisto, ha sido mi propia vida. Las ciudades donde residí, los lugares que visité, las personas con las que me relacioné, los trabajos que realicé, los problemas a los que me enfrenté, las enfermedades que superé... todo ello han sido el paso previo a mi llegada a Santiago.

Santiago. Catedral. Fachada del Obradoiro Por eso llegar a Santiago ha requerido una reflexión general sobre toda mi vida. Hacer una confesión general en el sacramento de la penitencia y acercarte a esa Eucaristía cuyo alimento me ha fortalecido hasta más allá de lo que yo mismo imaginaba. El abrazo a la imagen del santo y una oración ante la urna sepulcral, han sido la guinda a un jubileo que me ha enriquecido espiritualmente.

Que el apóstol, en su auténtico espíritu, alejado de leyendas, me marque el camino de las estrellas de mi propia vida, para que al final del mismo me encuentre ante la presencia del Absoluto, del Alfa y la Omega, de quien es Principio y Fin, de Dios.

Amén


Publicado por corremundos @ 12:56
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