Entre los alicientes de llegarme hasta Ferrol, está el hecho de que mi padre tuvo es esta ciudad su primer destino militar, por lo que pasear por sus calles no es otra cosa que pisar sobre las huellas que él dejó hace más de ochenta años.
Una vieja leyenda nos habla de un santo bretón, Ferreol, quien llegó en un barco a tierras, entre un coro de siete sirenas. Entre las notas de una armónica amansó los lobos, espantó un dragón, subió al Santuario de Chamorro y profetizó que alli nacería la Ciudad de las Luces, llena de artistas y gentes de navegación.
No anduvo muy descaminado este legendario personaje. Ferrol es una ciudad inequívocamente unida al mar. Su origen lo encontramos en un poblado medieval de pescadores, pero sus características geográficas, al estar ubicado a orillas de una ría de estrecha bocana, que le convierten en un puerto natural, significó que finalmente se reconociera su valor estratégico. De esta forma ya en el siglo XVI se construye en la misma boca de la ría el Castillo de San Felipe, que evitaría la entrada de la flota inglesa en 1594.
En 1749 Fernando VI dispuso la instalación de los astilleros en el Esteiro y que fuese Ferrol la capital del Departamento Marítimo. Durante el reinado de Carlos III, se construye el Arsenal y su puerto se convirtió en sede principal de la flota de guerra creada para luchar contra los ingleses y proteger las colonias de Ultramar.
A partir de este momento fue creciendo la moderna ciudad, con el diseño del barrio de La Magdalena, hecho con espíritu racionalista desde la Plaza de Armas hasta la Plaza del Marqués de Amboage, a partir de sucesivos cruces entre calles perpendiculares. Esta zona constituye el centro de la ciudad. Proyectado como interclasista con la idea de derribar el Esteiro, finalmente fue habitado por la clase militar y la pequeña burguesía local.
Un paseo por la calle Real o la calle Magdalena permite contemplar ese armónico conjunto de señoriales edificios cuyos exteriores lucen desde los grandes balcones de hierro labrado hasta el conjunto de galerías de madera y vidrio mejor conservado de Galicia. Visitamos la iglesia de San Francisco del siglo XVIII y su bello retablo del maestro Ferreiro, así como la de San Julián de estilo neoclásico, hoy Concatedral de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Y observamos el exterior del Teatro Jofre, de estilo modernista. Para un cartagenero no es difícil imaginar como era la estampa de estas calles en otras épocas, llenas de marineritos uniformados, muchos de ellos caminando en busca de las chicas de la zona portuaria del Ferrol Vello, para desahogarse.
Visito también el Parque Reina Sofía para llegar finalmente hasta el Ferrol Vello, donde se puede observar un barrio hoy un tanto degradado con buen número de viviendas deshabitadas. Allí nos acercamos hasta la dársena de Curuxeiras para respirar la brisa marina, pues Ferrol tiene como asignatura pendiente su apertura al mar. Las instalaciones militares y los astilleros de Navantia, suponen todavía una barrera entre la ciudad y el mar del que vive. La reciente construcción de un puerto exterior, podría posibilitar alguna solución.
Ferrol ha sido cuna de escritores de la talla de Concepción Arenal o Gonzalo Torrente Ballester, de políticos tan opuestos como Pablo Iglesias o Francisco Franco y actualmente de conocidos presentadores televisivos como Je´sus Vázquez, Paula Vázquez, Paloma Lago o María Patiño.
Decir que Ferrol es origen del llamado “camino inglés” hacia Santiago de Compostela, pues en este puerto desembarcaban los peregrinos que se dirigían a la tumba del apóstol.
Es esta una visita fugaz , por lo que no podemos disfrutar de sus alrededores, célebres por sus buenas playas y paisajes, o del pregonado patrimonio románico de las cercanas iglesias de Xubia, Caaveiro y Breamo, pero ha sido suficiente para llevarnos una pequeña idea de lo que ha sido y es la ciudad de Ferrol.