miércoles, 29 de septiembre de 2010

Aprovechando unas pequeñas vacaciones en este mes de Septiembre, he realizado un viaje hasta tierras gallegas. Condicionado por la escasez de fechas, ha sido este un viaje relámpago donde, es evidente, resulta imposible captar el alma de Galicia, especialmente de esa Galicia rural o marinera que encierra sus verdaderas esencias. Nos conformamos pues con visitar algunas de sus urbes y llevarnos en la retina y en la memoria algunas impresiones de ellas.  

Tras un pequeño descanso en la población leonesa de La Bañeza, donde llenamos el estómago, llegamos a Lugo, como punto de inicio de nuestra ruta en Galicia. Situada sobre una meseta dentro de una comarca montañosa, se dice que Lugo es la más antigua de las ciudades de Galicia, siendo fundada por los romanos como “Lucus Augusti” en el último cuarto del siglo I a.C.

Lugo. Murallas Romanas Entro por la llamada Puerta del Obispo Aguirre, para recorrer el corto trayecto hasta el Hotel Méndez Núñez, donde me alojo. De época romana es su elemento urbano más representativo: las murallas, levantadas en los siglos III y IV. Declaradas Patrimonio de la Humanidad, conservan íntegramente su longitud de más de dos kilómetros, y encierran un centro histórico de sumo interés. Recorrer su adarve superior resulta un ejercicio visual muy grato. 

El recorrido a pie del centro histórico me lleva desde el Pazo del Marqués de Ombreiro, sede actual del Ayuntamiento, hasta la Catedral, pasando por la Plaza Mayor, por la de Santa María, por la del Campo, la Soledad y Santo Domingo, propias para saborear una copita de Ribeiro y disfrutar del tapeo, sin olvidarse de esas calles de ambiente comercial como la Reina, El Progreso o la Rúa Nova, entre otras.

De entre sus monumentos, habremos de destacar, sin duda la Catedral, que tras su fachada neoclásica encierra distintos estilos arquitectónicas, según las épocas de construcción. Al románico original (siglo XII) del crucero central y los brazos, añadimos el gótico de la Capilla Mayor o el barroco de la Capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, bellísima imagen de la Patrona de Lugo, a la que cantara el propio rey Alfonso X El Sabio “Da que Deus mamou o leite do seu peito, non é maravilla de saar, contreito.” La catedral cuenta con el privilegio de mantener la exposición permanente del Santísimo Sacramento. 

Asimismo la Iglesia de San Pedro (antigua de San Francisco) de arquitectura ojival del siglo XVI. Junto a ella, y sobre lo que fue el antiguo convento, del que se conserva el claustro del siglo XV, se halla el Museo Provincial de Lugo, de visita obligada para poder gozar de una completa representación del patrimonio cultural y artístico de la provincia. Desde torques y joyas celtas y romanas a la mejor colección de relojes de sol de Galicia.

Lugo. Rio Miño. Puente Romano  Pero más allá del recinto amurallado merece la pena aprovechar el buen tiempo para pasear por las limpias y cuidadas zonas verdes y ajardinadas riberas del río Miño, y llegar hasta el Hotel Balneario en cuyo interior se hallan las termas romanas. Se dice que al llegar los romanos consideraron a este río embrujado, pues tras sus nieblas se escondía el “finis terrae”, un enorme acantilado que les mandaría al vacío. Y es que Galicia está llena de antiguas y curiosas leyendas.

Me hubiera gustado saborear el conocido “lacón con grelos”, pero será en otra ocasión. Eso si mi paladar se queda con ese sabor peculiar del queso de Cebreiro, como recuerdo imborrable de esta ciudad de Lugo que recuerda su pasado sin renunciar a su futuro. 


Publicado por corremundos @ 13:27
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