«Panem et circenses», frase que popularizara el poeta romano Juvenal, sigue en plena vigencia. En nuestro tiempo los políticos esperan el inicio de un acontecimiento deportivo como El Campeonato Mundial de Fútbol, para desviar un tanto la atención de sus malas gestiones. Durante un mes la atención de los aficionados de los cinco continentes está puesta en el Mundial. Se reviven sentimientos nacionales y por un tiempo se olvidan otras cuestiones.
La importancia del deporte entendido como fuente de correcto desarrollo físico y de salud, ha estado presente en todas las culturas. En la Grecia clásica, la actividad física tenía la finalidad de preparar al soldado par el combate, pero al tiempo ejercía una importante labor cultural. Alimentaba las ciencias del saber y los valores morales. Pero los tintes espirituales terminaron por dar paso a los intereses materiales.
La realidad es que la utilización por parte del Estado del deporte para su propia justificación viene de lejos. En la antigüedad, la celebración de rituales y ceremonias religiosas (como las Olimpiadas), venían a justificar el uso de las armas para emprender las distintas guerras de conquistas. Los rituales eran usados para reforzar la ideología del Estado (el modo de producción y el orden político establecido), el rito era necesario llevarlo a cabo a fin de mantener el equilibrio de las fuerzas de la naturaleza y el favor de los Dioses, una práctica o una interpretación religiosa muy difundida y encontrada en todos los pueblos del mundo.
Manuel Vázquez Montalbán, en su libro “Fútbol. Una religión en busca de un Dios”, publicado póstumamente, venia a describir el fútbol como "una nueva religión laica organizada para beneficio de las multinacionales y las televisiones".
En cierta ocasión Leone de Filiunte, un aspirante a discípulo de Pitagoras de Samos, le interrogó diciendo: - ¿Maestro, cual es realmente tu oficio? El sabio le contestó: - Yo soy filósofo. (Que en el idioma griego quiere decir amante de la verdad ). Pero el párvulo volvió a interrogar: - ¿Qué es un filósofo? Entonces Pitagoras le puso este ejemplo: “unos van al estadio a competir (jugadores), otros van a organizar el juego (árbitros), otros acuden por diversos intereses (empresarios, periodistas, hinchas, etc) y hay algunos pocos que asisten para disfrutar viendo el espectáculo, estos son los filósofos".
Por ello propongo una cosa, disfrutemos el deporte por el deporte, el fútbol por el fútbol. Recuperemos para nosotros mismos el auténtico espíritu de la actividad física y démonos la oportunidad de presenciar los partidos del Mundial de Sudáfrica sin forofismo, aunque con el apoyo natural a los nuestros.