Por todo esto, no sería extraño que algún niño español sorprendiera a su padre con esta propuesta: ¡Papá...¡quiero ser pirata!. Sin duda el padre agobiado por una hipoteca y unos gastos corrientes, que no puede cubrir con el subsidio de desempleo, tragará saliva y acariciando la cabeza del niño, pensará para sus adentros: "Pensándolo bien.....¡no va desencaminado el chico!"