Y es que más del 70% de la Amazonía peruana se encuentra a merced de la sobreexplotación comercial. Multinacionales petroleras y de hidrocarburos, como la anglo-francesa Perenco y las norteamericanas ConocoPhillips y Talisma Energy, ya han comprometido inversiones billonarias en la región. Estos sectores cuentan con un paupérrimo historial en lo que concierne a su contribución al desarrollo local y la preservación del medioambiente en países en desarrollo. Es por ello que los indígenas reclaman su derecho, reconocido internacionalmente, a ser consultados antes de la aprobación de cualquier nueva legislación que les afecte.
Y aunque el Congreso de Perú acaba de derogar dos decretos de explotación denunciados por los indígenas, lo que es un importante revés para un gobierno que ha dado la espalda a su propia realidad social, lo cierto es que sigue vivo el gravísimo problema de la desforestación de la selva y la desaparición de sus ecosistemas, que es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad en este siglo XXI. Según la Fundación Rainforest, si seguimos destruyendo los bosques tropicales a la velocidad actual, en el 2060 no quedará ninguno.